Carlos “Indio” Solari, poeta, vocalista y alma de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, murió este viernes a los 77 años. Padecía Parkinson desde hacía años, enfermedad que fue consumiendo su capacidad de moverse en público pero que nunca apagó el peso de su figura en la cultura popular bonaerense y argentina.
Nacido en Paraná, Entre Ríos, el Indio hizo de La Plata su territorio y de la provincia de Buenos Aires su universo lírico. Fue en la capital bonaerense donde, a fines de los años 70, fundó junto a Skay Beilinson los Redondos, la banda que construyó el movimiento de masas más singular de la historia del rock nacional: los ricoteros, una identidad colectiva que excedió la música y se convirtió en un fenómeno sociológico con códigos, estética y geografía propios.
Lejos de los circuitos tradicionales de la industria cultural, los Redondos construyeron una relación directa con su público. Sin grandes campañas de promoción ni presencia constante en los medios, lograron convertirse en una de las expresiones artísticas más convocantes de la Argentina, con una influencia que atravesó generaciones.
La banda que hizo grande al interior bonaerense
Los Redondos no llenaron estadios en la Ciudad de Buenos Aires. Llenaron ciudades enteras del interior de la provincia. Tandil, Olavarría y otros puntos del país fueron escenario de recitales que desbordaron toda escala conocida en el rock argentino y que colocaron a esas localidades en el centro del mapa cultural por unas horas.
El fenómeno siempre fue más que únicamente musical. También representaba una forma de entender la cultura popular desde una mirada profundamente nacional. Miles de jóvenes viajaban desde distintos rincones de la provincia de Buenos Aires y el país para participar de encuentros que se transformaban en verdaderas peregrinaciones colectivas.
La banda se disolvió en 2001, sin despedida oficial ni concierto final. El Indio continuó como solista y los ricoteros lo siguieron. Sus recitales mantuvieron (e incluso ampliaron) la convocatoria. Hasta que en Olavarría, en 2017, tres personas murieron durante el show más multitudinario de su carrera. Aquella presentación terminó siendo la última. Después de esa noche, no volvió a subir a un escenario.
El silencio y la enfermedad
Con el paso de los años, el propio músico confirmó públicamente que padecía Parkinson. La enfermedad fue limitando sus apariciones y lo llevó a refugiarse en su casa de Parque Leloir, en el partido bonaerense de Ituzaingó.
Aunque se alejó de los escenarios, nunca desapareció del imaginario popular. Brindó pocas entrevistas, sostuvo durante un tiempo un blog personal y mantuvo el vínculo con sus seguidores a través de publicaciones esporádicas cargadas de reflexiones y textos poéticos.
En una de las entrevistas más recordadas sobre su estado de salud, reconoció: “Tengo Parkinson. Lo llevo bastante bien”, una frase que sintetizaba la mezcla de sinceridad y reserva con la que enfrentó la enfermedad durante los últimos años.
El legado de una voz irrepetible
Más allá de su rol como cantante, el Indio Solari fue uno de los grandes letristas de la música argentina. Sus composiciones combinaron referencias literarias, observaciones políticas, imágenes surrealistas y una mirada crítica sobre la realidad que convirtió a muchas de sus canciones en piezas de culto.
Temas como “Jijiji”, “La muralla china”, “Divina TV Führer” o “Pura suerte” trascendieron el universo del rock para instalarse como parte del patrimonio cultural argentino. Sus versos fueron citados en libros, investigaciones académicas, documentales y conversaciones cotidianas.
La noticia de su muerte provoca un impacto que excede el ámbito musical. Para millones de argentinos, los Redondos fueron mucho más que una banda porque representaron una forma de pertenencia, una identidad y una manera de mirar el mundo.
El Indio murió sin una despedida multitudinaria ni una última gira. Sin un adiós formal. Exactamente como construyó toda su carrera, bajo sus propias reglas, lejos de las convenciones y con una influencia que seguirá resonando mucho después de su partida.


