✍🏻 @castearena
Ayer encontraron el cuerpo de Nanci Estela Godoy, la docente rural de 52 años que era buscada desde principios de octubre en Corrientes. Y hoy, en su nombre, miles de docentes paran, marchan y reclaman justicia. Porque lo que le pasó a Nanci nos obliga a mirar una realidad que muchas veces queda lejos de las ciudades, lejos de las cámaras y lejos de las prioridades.
Nanci trabajaba en una escuela rural del paraje El Malezal, en Esquina. Para llegar tenía que atravesar kilómetros de campo, caminos difíciles y zonas sin señal de celular. Una escuela aislada, en un entorno en el que las condiciones de trabajo estaban muy lejos de ser las ideales.
Pero hay algo todavía más doloroso: Nanci había advertido sobre esas condiciones antes de desaparecer.
El 15 de agosto dejó por escrito el estado de abandono de la escuela. Denunció la suciedad, los insectos, los baños en malas condiciones y la falta de agua potable. El 28 de agosto, el reclamo llegó formalmente al Consejo General de Educación de Corrientes. Solicitó que las autoridades fueran a constatar la situación.
A las docentes les pedimos compromiso, vocación, entrega. Les pedimos que cuiden las escuelas como si fueran sus casas, que hagan lo imposible para que cada chico tenga una oportunidad. Pero ¿qué pasa cuando son ellas las que denuncian que no están trabajando en condiciones dignas ni seguras?
¿Quién responde?
A Nanci la mataron. La investigación deberá determinar quiénes fueron los responsables y esclarecer cada circunstancia de su asesinato. Pero su historia también nos obliga a discutir algo que va mucho más allá de la causa judicial: la responsabilidad del Estado de garantizar condiciones de trabajo seguras y dignas para quienes sostienen la educación pública.
Porque en un país donde hay una víctima cada 33 horas, la violencia contra las mujeres no puede pensarse por fuera de los contextos en los que viven y trabajan.
¿Quién escucha a las docentes cuando levantan la voz?
Justicia por Nanci Godoy. Ni una docente menos.


