El adiós al Indio fue multitudinario y épico: la fila para ingresar a la capilla ardiente llegó a extenderse unos 8 kilómetros. La familia agradeció a quienes lo lloraron y confió un legado: «Nos sugirió así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese».
Desde la madrugada del domingo y la madrugada de este lunes, cientos de miles de personas pasaron por el Polideportivo José María Gatica de Villa Domínico, Avellaneda, para despedir a Carlos «Indio» Solari, el gran ícono del rock local que para muchos fue más que un artista, fue un maestro, una figura paterna, una guía, un compañero de vida.
El Ministerio de Seguridad bonaerense confirmó que, luego de que se retiraran los últimos seguidores, pasadas las 4 de la madrugada, las puertas del estadio fueron cerradas.
La familia publicó ya en la mañana de este lunes que el velorio había llegado a su fin y agradeció a todos los que hicieron el esfuerzo por estar presentes y a aquellos que «lloraron donde los sorprendió la pena».
Asimismo, el texto confió un detalle, casi como un legado: el Indio había dejado sus equipos encendidos, con la música en la que estaba trabajando. «Nos sugirió así, que la música debía seguir sonando, más allá de lo que ocurriese. Hagamos eso», expresó.
Durante la jornada, la convocatoria alcanzó cifras impactantes: en el momento de mayor concurrencia, la fila para ingresar llegó a extenderse unos 8 kilómetros en las inmediaciones del predio, y se estima que circularon unas 15 mil personas por hora.


