Cada 31 de mayo, el Día Mundial sin Tabaco invita a reflexionar sobre los estragos de una adicción histórica. Sin embargo, este año la atención de la comunidad médica no está puesta únicamente en el cigarrillo tradicional, sino en una silenciosa y peligrosa tendencia en ascenso que avanza sin humo, pero con igual fuerza, las almohadillas de nicotina (nicotine pouches).
Se trata de un nuevo producto que está teniendo una alta aceptación entre los más jóvenes. Son pequeñas bolsitas que se colocan estratégicamente entre la encía y el labio. Al disolverse de forma discreta, liberan la nicotina directamente al torrente sanguíneo, prescindiendo por completo de la combustión y el humo. Esta falta de visibilidad es, precisamente, su mayor trampa.
Un panorama mundial de luces y sombras
El escenario global muestra una paradoja alarmante según los últimos informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por un lado, el consumo del cigarrillo convencional viene en descenso, desde 2010, el número de fumadores en el mundo se redujo un 27 por ciento. En este logro, las mujeres han sido las protagonistas, alcanzando la meta mundial de reducción para 2025 cinco años antes de lo previsto, logrando un hito del 30 por ciento ya en el año 2020. En contraste, se prevé que los hombres recién alcancen dicho objetivo en 2031, representando hoy cuatro de cada cinco consumidores globales (cerca de 1.000 millones de personas).
Sin embargo, la baja del tabaco tradicional está siendo eclipsada por el crecimiento adictivo de los productos sustitutos. La OMS estimó por primera vez el consumo mundial de cigarrillos electrónicos en más de 100 millones de personas. Lo más preocupante es que al menos 15 millones de ellos son niños de entre 13 y 15 años, quienes tienen en promedio nueve veces más probabilidades de vapear que los adultos.
En Argentina, la realidad local no es ajena al inicio temprano, de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Consumos de Prácticas de Cuidado (ENCoPraC), la edad promedio de inicio en el hábito del tabaco es de 17,4 años, y casi la mitad de la población (un 49,2%) ha probado el cigarrillo en algún momento de su vida.
“Sin humo no significa sin riesgo”
Aprovechando un cuidado diseño minimalista, la promesa de la “innovación” y discursos vinculados a la “reducción de daño”, las corporaciones buscan trasladar la atención desde la sustancia hacia la experiencia. Pero la comunidad médica es tajante, la nicotina sigue estando allí.
El Dr. Luis Cicco (MN 81369), cardiólogo integrante de la Federación Argentina de Cardiología (FAC), advierte sobre los severos efectos cardiovasculares de esta sustancia farmacológicamente activa, La preocupación se duplica al hablar de los adolescentes. Dado que el cerebro continúa su maduración hasta aproximadamente los 25 años, la exposición temprana a la nicotina genera una dependencia mucho más rápida e intensa. Modifica la neurobiología consolidando la adicción y somete a un sistema vascular en desarrollo a un impacto hemodinámico repetido. Como bien sintetiza el Dr. Cicco: “El problema no es lo que se siente cuando se usa. Es lo que el cerebro empieza a necesitar cuando no se usa”.
La batalla legal y el reclamo de los científicos
La alarma no solo es médica, sino también regulatoria y política. Las almohadillas de nicotina carecían de regulación en Argentina, a pesar de que diversas sociedades sanitarias venían solicitando su prohibición al Ministerio de Salud de la Nación. El panorama se complejizó aún más tras la reciente medida del Gobierno Nacional de legalizar la comercialización y fiscalización de cigarrillos electrónicos, productos de tabaco calentado y estas mismas bolsas de nicotina.
La respuesta de la comunidad científica fue inmediata. Un bloque de 10 organizaciones sanitarias —con la FAC a la vanguardia— elevó un firme pedido para dejar sin efecto la resolución N° 549/2026 del Ministerio de Salud.
El argumento central de los expertos es definitivo, con la nicotina no existe una dosis segura. Legalizar estos productos abre la puerta al libre acceso de niños y adolescentes a sustancias que dañan el desarrollo cerebral, elevan el riesgo cardíaco, generan toxicidad fetal en el embarazo y producen intoxicaciones accidentales. Además, la medicina advierte que estos formatos “normalizan” nuevas vías de consumo, dificultando que los adultos dejen de fumar y propiciando que los jóvenes se inicien en la adicción.
La Federación Argentina de Cardiología —institución federal presidida por el Dr. Diego Echazarreta y con una amplia proyección internacional— continúa su labor de concientización a través de su Secretaría de Extensión a la Comunidad. El mensaje de los especialistas en el marco del Día Mundial sin Tabaco es claro, la modernidad y la discreción de los nuevos dispositivos no son más que un nuevo disfraz para una vieja y conocida amenaza a la salud pública.


