El eco de la violencia volvió a colarse en las aulas. A días del crimen que sacudió a la comunidad educativa de San Cristóbal, en Santa Fe —donde un alumno mató a otro dentro de una escuela—, comenzaron a aparecer mensajes inquietantes en distintos puntos del país. Escritos en paredes, puertas y baños, los textos advertían sobre supuestos ataques armados y encendieron una alarma que rápidamente se extendió por al menos una veintena de instituciones.

Los casos no quedaron aislados. Las advertencias surgieron en establecimientos de la provincia de Buenos Aires, la Ciudad de Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Río Negro, Tierra del Fuego y la propia Santa Fe. En varios de ellos, las pintadas incluían fechas concretas, lo que obligó a directivos y autoridades a activar protocolos de emergencia y dar intervención a la Policía y a la Justicia.

En territorio bonaerense, la situación tuvo múltiples focos. Hubo episodios en La Plata, Mar del Plata, Balcarce, Bahía Blanca y Tres Arroyos. En uno de los casos más resonantes, en un colegio de Bahía Blanca apareció una inscripción en el baño de varones que advertía sobre un supuesto tiroteo con día específico, lo que generó temor entre alumnos y familias.

El “Challenge” del miedo: investigan un desafío viral detrás de las amenazas de tiroteo en escuelas

Detrás de estos episodios, los investigadores no descartan que se trate de una reproducción de conductas impulsadas por redes sociales, bajo la lógica de desafíos virales. Sin embargo, lejos de minimizar el fenómeno, las autoridades remarcan que se trata de hechos que alteran el orden público y que pueden derivar en causas penales.

Especialistas en convivencia escolar advierten que este tipo de situaciones suele aparecer tras hechos de alto impacto, como el ocurrido en San Cristóbal. El efecto imitativo, explican, funciona como una forma distorsionada de procesar el miedo y la conmoción, especialmente entre adolescentes.

En paralelo, desde el sistema educativo reconocen que estos episodios no surgen en el vacío. Las escenas de violencia entre estudiantes —peleas, amenazas, acoso y conflictos que escalan rápidamente— forman parte de una problemática más amplia que atraviesa a las escuelas y que exige intervención constante.

En ese contexto, desde la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense insistieron en la necesidad de abordar la situación sin naturalizarla. Plantearon la importancia de generar espacios de reflexión y fortalecer los vínculos dentro de la comunidad educativa, al tiempo que destacaron el rol clave de docentes y equipos de orientación para detectar señales de alerta y contener a los alumnos.

Mientras tanto, la investigación sobre las amenazas continúa en distintas jurisdicciones. Aunque en muchos casos se trataría de mensajes sin un plan concreto detrás, el impacto ya es tangible: miedo en las aulas, familias en alerta y escuelas obligadas a reforzar medidas ante un escenario que, por ahora, no deja de escalar.

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